jueves, 25 de septiembre de 2014

Invisibles

Las personas desaparecen. Unos antes, otros después, sin nadie que permanezca. Cada día hay personas cambiando de lugar, de mundo, o incluso de vida; Sin embargo, dejando a un lado este hecho, a veces ocurren otro tipo de desapariciones que en cierto modo llegan a fascinarme. Se trata de aquellos que aparecen siendo buscados en las pantallas de esos aparatos que te van minando la vida poco a poco, sin que uno sea consciente de ello, pero provocando igualmente un dolor que se habrá de pagar a plazos o todo de golpe, como cada cual guste.

El caso es que ayer mirábamos una de esas pantallas con curiosidad, anunciaba la desaparición misteriosa de alguien, no recuerdo si era hombre o mujer, pero en esencia al final viene a ser una misma categoría pues a mi modo de ver las diferencias están sobrevaloradas. La persona en cuestión ya no permanecía donde en teoría tenía que estar; Esta desaparición tan repentina, envuelve el hecho en un abrigo de misterio que secuestra cocleas y retinas a partes iguales.

Lanzo una pregunta al aire: cómo es posible que esa gente desaparezca así sin más?
En mi opinión, nunca es repentino, la desaparición sigue un ritmo constante;
Se inicia con una persona totalmente opaca, pasa por mil sentimientos translúcidos y finalmente se convierte en gente invisible.
Salvo excepciones el misterio nunca es tal, la propia persona decide secuestrarse a si misma, aunque la causa de este autosecuestro permanezca externa; Podríamos decir así, que la desaparición comienza fuera y nunca dentro.

Las sorpresas acuden con el tiempo, y con el recuerdo de aquella presencia que nadie sabe cuando, llegó a ser ausencia, más no importa poco más de unas horas, hasta que domine nuevamente el olvido y los recuerdos se acomoden suavemente en su pequeño almacén.

Pero regresemos al sinsentido protagonista de esta inspiración absurda:
No sabemos cuando comienza uno a desvanecerse, pero el proceso se sospecha agudo y doloroso para la víctima, que una vez comienza a mirarse sin verse, tiene la certeza de caer sin remedio en ese pozo de agua oscura, donde los sueños ya no existen tal como los conocen los "opacos" pues la fase REM es eterna, sin diferencias entre las ondas propias de las sombras y las generadas en vigilia.

La persona puede gritar, llorar o quedarse en su silencio ahogado, mas las 3 opciones resultarán del mismo modo. Una vez invisible, todo acto resulta incierto al mundo, que sin ser consciente, se ha transformado en una burda cueva decorada con pinturas rupestres que en tiempos no eran sino bellos cuadros.

Mientras dura el ahogamiento, se produce alrededor del pozo una danza macabra invocadora de demonios cuyo aliento fétido pudre los corazones de los bailarines, los cuales pierden sus ojos, pues ante tal vergúenza caen al suelo quedando secos y ciegos, porque las miradas se hicieron para construir bellos mundos, no para toturar almas mediante la toma de formas punzantes.

A veces alguien a pesar de haber quedado ciego, se torna incorporeo y comienza a ver lo que nadie más ha visto, sale del estúpido trance y se lanza de cabeza a las oscuras aguas, pues percibe la necesidad ajena; más quien no desea ser visto siempre será invisible.

Es en este punto donde los más puros también se hayan ciegos, pues esta voluntad de ver, si viene de dentro y nunca de fuera. Por este sencillo motivo, quien consigue ver a través de las negras aguas adaptando su visión al lugar donde se encuentra y no a donde desearía estar, consigue verse por fin a si mismo y puede comenzar a revertir, ya consciente de toda la luz que hay tras las sombras, el proceso que lo volvió invisible interna y externamente.

Y es que a veces la caja en la que vivimos comienza a hacerse pequeña, o quizá nosotros nos hagamos grandes, o quien sabe puede que ocurran ambas cosas, la cuestión es que el cuerpo va quedando pegado a la caja que ya empieza a apretar, pero no hacemos nada porque es la caja en la que siempre hemos estado, aunque la situación se vuelva incómoda, aunque los músculos duelan por la falta e movimiento, aunque apenas se pueda respirar ya... Y uno sin saberlo va muriendo sin saber que ya tiene la caja donde enterrarse. Más uno puede tomar consciencia y vencer el miedo, hacer fuerza con todo el cuerpo pues la expansión ya es inevitable, sostener la tensión por un tiempo, hasta hacer estallar la caja en mil pedazos al mismo tiempo que la vida misma rompe en aplausos mientras el cuerpo se estira y se adapta al gran espacio que tiene aún por explorar.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Fantasías de fin de año de un pájaro loco

Años que terminan, oportunidades que siguen creciendo.
Año de gatos negros y de pasar bajo escaleras.

Un año de puente, entre dos realidades; Dos caras de un mismo cristal, que por un lado refleja lo que soy y por otro lo que puedo ser.

Enfrentamientos cara a cara, ponemos nombre y nos marcamos un reto para el nuevo 2014, seguimos trabajando, con más ganas y con unos objetivos más claros, más cercanos, y sobre todo, más necesarios.
Nos hemos reído en la boca del miedo y hemos suspirado ante el amor; Parada para coger aliento, algún llanto que otro y a seguir llenando el macuto, no sin antes sacar lo innecesario, penas ansiosas, sufrimientos patológicos y compañías tóxicas.

Nuevos compañeros de viaje, o tan sólo de una pequeña ruta, que nos han alegrado cuando alrededor sólo llovía. Sacrificios sin sentido, o quizá con él, pero nacidos de una razón más pura que la propia lógica.
Despedidas sin despido y ataques de pánico que se abrazan a las luces de una feria.

Cuentos sin acabar, historias de siempre contadas por personas de ahora... y de siempre. Soluciones que no solucionan, pero marcan caminos. Amores odiados y odios amados.

Golpes que se olvidan en el pasado más lejano, besos que recuerdan la luna a tu lado.
Años pasados pero vivos en retinas, pieles olvidadas por la memoria y recordadas por las caricias de nuestras yemas. Presentes muy pasados, que tratamos de olvidar y se empeñan en aparecer como fantasmas de tiempos mejores.

Calores sobre los recuerdos, con novedades en los de siempre. Fiestas llenas que no están llenas. Personas que cruzan y se marchan. Amigos que vuelven tras las vacaciones.Brasas que reeprenden y arden sobre los troncos del árbol jamás cortado .

Pantallas apagadas para no encender realidades. Paginas marcadas con trazos de historias, que llenan, que vacían, pero historias al fin y al cabo; Una tras otra, vivir tras vivir sobre las llanuras del tránsito hasta encontrar el vendedor de sueños.

Hábitos pasados que regresan, nuevos humos que se elevan hasta el cielo.
Éxitos sin celebrar, bajo sudores sobre la misma mesa. Horas de regocijo en aquella plaza de aquel pueblo.
Peras que sorprenden, envueltas en el papel más elegante. Compañías que se mantienen, que crecen y que sostienen.
Polvo que no sale ni con la aspiradora más potente, alfombras que regresan, a decorar suelos pasados.

Continuamos el camino a través del nuevo año, nuevas sorpresas, nuevos éxitos, y quien sabe, quizá nuevas locuras, asumimos las catástrofes, lloramos lo justo, y nos ponemos por reto reconstruir nuestro castillo, con piedras más pequeñas, pero más duras, y con muchas ventanas.

Un año de momentos, momentos de un año. Gracias a todos los que habéis hecho posible cada uno de ellos.

Ojalá que en el nuevo año los deseos nos queden más cercanos y las alegrías nos guíen el camino.
Feliz 2014!.

Paperboy

sábado, 14 de enero de 2012

Botella de locura en el mar del miedo

Te levantas un día y se te ocurre hacer una pequeña locura. Reflexionas sobre ello, lo piensas, una y mil veces, y cuanto más lo piensas, más razones encuentras para no hacerlo, a pesar de desearlo con todas tus fuerzas. Te sientes solo. Te gustaría que hubiera otra voz más dentro de tu cabeza que te animara a caminar y no quedarte parado.

Siempre te ha pasado lo mismo, y lo sabes; Eres incapaz de ser feliz, porque en realidad vives tan anclado a tus fantasmas y a tu dolor, que tienes miedo de ser feliz, eso es lo que te pasa, y lo sabes.

Amas los sueños, por eso temes levantarte cada mañana; Día a día te encierras más y más sin atreverte a abrir la puerta de par en par y cumplir tus sueños, temes enfrentarte a ellos y  salir perdiendo. No eres capaz de ver la realidad, Sin empezar la batalla, ya le has dado la victoria al miedo.

Estás preso en una cárcel; Tú eres el preso, pero también eres tu propio carcelero, en el fondo te gusta el dolor, te aferras a él como si fuera tu droga, has estado cconsumiéndolo durante mucho tiempo y ya eres dependiente.

Escuchas voces fuera, se escapa alguna risa, piensas en salir, pero temes hacerlo y no encontrar un motivo para enseñar tu sonrisa, por lo que decides bajar una escalera oscura, te refugias en un trastero donde guardas algunos recuerdos y te sientas a reflexionar. No deberías salir, te da miedo, y sabes que eso es un instinto, cuando algo te da miedo existen diversas razones para salir corriendo, así que permaneces en tu trastero, con la luz apagada.

Cada día escapas un rato de tu rincón oscuro, sales a curar tu miedo, y lo haces con dolor, si no lo encuentras en ti mismo, se lo robas a los demás y lo vas acumulando; Vas creando poco a poco una criatura monstruosa en tu interior que te va devorando por dentro. A veces es tan insoportable que te dan arcadas, pero no eres capaz de vomitar, y lo único que se te ocurre es seguir alimentándolo para que permanezca en calma. Así es como tu deseas vivir, en calma, aunque en realidad lo que estas haciendo es morir, y lo sabes.

Piensas en un niño, y en una piscina, y te sientes ese niño. Quieres lanzarte de cabeza, sumergirte y sentirte rodeado de agua, pero no lo haces, no sabes nadar, y a pesar de ser tu mayor deseo, sabes que puede condenarte y morir ahogado. Si no te empuja nadie, nunca te lanzarás. Y lo sabes.

De repente sientes nauseas, corres al servicio y vomitas los sueños y las ilusiones de la noche, te lavas la cara y decides volver a la cama, pero por el camino te descubres empapado de lluvia. Buscas goteras en la casa y encuentras las tuyas. Llueven ríos desde tu interior, que tratan de abrirse camino hacia el mar de tu piel.

Lloras la ausencia y ahogas la presencia que descansó en tu vida cual paréntesis sin cerrar en la frase de un libro.

Sientes nauseas de nuevo, corres al servicio y vomitas la ilusión. Te acercas al espejo y te horroriza el reflejo, tu mente se pierde en un laberinto y tus ojos lloran la esperanza; jamás encontrarás la salida. Y lo sabes.

Te resignas a continuar igual, deseando que algún día tu vida cambie, que cambies tú y decidas salir de tu oscuro trastero a investigar este extraño mundo sin ningún tipo de miedo.

Duermes y sigues soñando tu mundo perfecto.

viernes, 29 de julio de 2011

Lluvia en el sombrero

Esta mañana me levanté pronto y bajé a la calle a hacer unos trámites, siempre me han aburrido los papeleos, así que me he dado tanta prisa en terminar, que me ha sobrado mucho tiempo libre; Como no me gusta estar sin hacer nada, he decidido dar un paseo.

La calle era extraña, no era la misma de siempre, había mucha gente y todos se apartaban a mi paso para mirarme con atención. Sus ojos eran llamas en mi piel que me obligaban a retroceder paso a paso, hasta que al final no he soportado el fuego, me he dado la vuelta y he echado a correr.

La gente se ha quedado atrás, pero he seguido corriendo hasta llegar a una calle muy oscura, a pesar de estar brillando el sol con todo su esplendor. En esa oscuridad me sentía más seguro; He parado unos segundos a coger aire y he recuperado la calma suficiente para seguir paseando a la luz de las sombras.

Tapado por las ramas de un árbol enorme me ha parecido ver un cristal que ha resultado ser el escaparate de una pequeña tienda de caballero. He obviado los trajes expuestos y mis ojos han ido a clavarse directamente en un sombrero negro con unas rayas blancas en la base. En ese momento he sentido como cierta cantidad de energía escapaba por mis pupilas e iba a parar al sombrero, que claramente me estaba eligiendo como medio de transporte.

Al salir de la tienda con el sombrero puesto, la calle adquiere una luz extraordinaria, casi cegadora.
Siento como mi nuevo accesorio me controla, unos cables imaginarios lo unen a mi cerebro, receptor de sus órdenes. Regreso a la atestada calle por la que inicié mi paseo, ya no hay tanta gente, y las pocas personas que encuentro, parecen huir de mi, asustadas después de echarme una mirada rápida.

El sombrero está contento, parece que le gusta hacer turismo, conocer el mundo que había más allá del cristal del escaparate. Al pasar cerca de una boina, lucha desesperadamente por salirse de mi cabeza y marcharse con ella dispuesto a cortejarla, pero los cables imaginarios nos mantienen bien unidos.
Está como loco y a mi me hace gracia la situación, debe ser su primer amor; Ese primer amor imposible para todos.

Nos sentimos los reyes de la calle, pero el título nos dura poco.,A lo lejos vislumbro un caballero con un smoking y un sombrero de copa enorme que consigue intimidar al mío; Este se aplasta un poco y se pega todo lo que puede a mi cabeza.

El gran señor me tiene tan hipnotizado que no veo el pozo en el que voy a caer, por lo que mi pie se lanza a pisar un suelo inexistente y mi cuerpo se sumerge en una caída vertiginosa a través de un oscuro túnel vertical. Siento como voy formando una espiral mientras me precipita al vacío.
La caída se alarga más de lo que preveo y me parecen horas, durante un momento sospecho que es un pozo infinito y jamás llegaré a tocar el fondo, pero justo en ese momento mi vida impacta fuertemente contra un suelo firme como el cemento.

Mi cuerpo queda inmóvil, mirando hacia arriba, sin poder moverse, viendo la luz exterior al fondo; Así permanezco durante algunas horas, sin que nadie se asome al pozo, y finalmente comienzo a llorar a la vez que empieza a llover.

El pozo se va llenando poco a poco por lo que temo ahogarme y que mi cadáver quede ahí abajo para siempre. Cuando ya apenas toco el fondo con la punta de los dedos de los pies, me acuerdo de mi sombrero que curiosamente no se ha movido de mi cabeza, me lo quito y lo suelto, me sorprendo al ver su flotabilidad, que es maravillosa. Me aferro al sombrero flotador con todas mis fuerzas y abandono mis pies a la corriente, poco a poco va ascendiendo hacia la abertura, que parece dar directamente al cielo.

El pozo se desborda y yo salgo empapado, echo a andar sin saber a dónde. Cuando termina de llover, mis lágrimas finalizan, me dirijo a casa y me despierto del sueño al lado de un sombrero negro con rayas blancas en la base.

jueves, 30 de junio de 2011

La cárcel de las sonrisas

Cuando las sonrisas quedan encarceladas, no hay nada que hacer, salvo perder la dignidad y hacerse pequeño, huir de la condición social y esconderse en un sueño. El mundo no es perfecto para ciertas miradas vacías de ironía y llenas de misterio, que buscan en su propio universo una estrella de la que colgar un columpio para jugar eternamente.

Si los barrotes son muy duros, del cuerpo crece un muro de cristal blindado, que va creciendo más y más hasta alcanzar la infinidad a medida que crece la imperfección a un lado y se destruye la perfección al otro. El mundo se ve, pero no se siente y las lágrimas se evaporan antes de llegar al nacimiento, pues la mente no obedece y se acelera como una bicicleta sin frenos en una cuesta abajo.

La risa explota de forma incontrolada sin que se oiga el más mínimo sonido, son carcajadas mudas, atrapadas en algún sitio del pecho, acumuladas para oírse en el vaivén junto a los mudos susurros de una soledad callada permanentemente, ya que nunca hubo valor a pinchar las burbujas del jabón que tan buen aroma posee.

Dentro de las miradas, muy al fondo, existe una cueva donde aguarda un cerrojo esperando a ser abierto. La llave está esparcida, como el polen en el viendo, por el mundo infinito de besos abrazos y caricias que nace cada vez que alguien se asoma dentro.

La vida queda estática, igual que una fotografía atrapada en un marco, aguardando esa mano que siempre la toma para verla y esa imaginación que es capaz de formar un vídeo con un solo fotograma.

Todo gira muy rápido mientras alguien lo observa apaciblemente desde su lado del cristal, sentado en una silla se pregunta cuánto tiempo hace desde que cruzó la línea. De vez en cuando alguien al otro lado se para un segundo a saludarle mediante gestos que alguna vez supo interpretar y que ya olvidó. Enfoca la mirada, pero ya no hay nadie, y vuelve a perderse en la isla donde naufragó. La mirada se vacía de toda cordura y en su pecho queda guardada una nueva carcajada silenciosa que sólo se escucha en las estrellas.

sábado, 11 de junio de 2011

Sombras quebradas por luces efímeras

Me dirijo a la cocina distraido, con una lata de refresco vacía en la mano, la meto en la nevera y cierro la puerta. Me quedo mirando el reloj, no lo escucho, pero veo su tic tac. Siempre se ve pasar el tiempo, pero nunca se oye, tan sólo el tic tac de los relojes que lo secuestran en una cárcel, cuyos barrotes albergan la esperanza de un futuro lleno de triunfos sin valorar y pérdidas sobrevaloradas.

Me pienso como pieza de un gran puzzle, que defectuosa no encaja en el dibujo dejándolo incompleto, inacabado. Somos puzzles pequeñitos que se unen a otros más grandes; Mi mente se pierde en esa red inmensa alrededor del mundo. Al momento deshago la red y vuelvo a la nevera, saco la lata y la tiro a la basura.

Regreso al salón, miro por la ventana y la calle se me antoja un universo nuevo por explorar, me doy la vuelta y siento las paredes caerse sobre mi, mientras mi cuerpo crece desmesuradamente a una velocidad de vértigo, que acelera el aplastamiento.  Me transformo en una madeja hecha nudos que me ahogan y que al tratar de deshacer aprieto aún más.

Bajo a la calle, le encargo a la brisa que sea mi peine, y siento mucho miedo, pues de repente parece que olvido el lenguaje, dejo de entender cuando me hablan con palabras. Necesito un abrazo de esos que me hacen sentir grande como un océano, enamorado del cielo y condenado a rozarse solamente en el infinito horizonte.

Inflo mi alma y la dejo ascender, como el globo que se le escapa a un niño y vuela fugaz hacia el cielo, mientras mi cuerpo permanece inmóvil observando la ascensión, igual que la pequeña mirada perdida en el infinito y cargada de lágrimas henchidas de pérdida provocadas por el cielo ladrón de globos. Me hace gracia mi idea y me imagino al cielo escondiendo un almacén secreto de globos perdidos  y a sus pobres dueños cuya mirada nunca recobró la alegría.

Te pienso, y al pensarte quiero olvidarte, porque eres una herida abierta desde dentro, una especie de huevo en flor del que nace un gusano que va alimentándose vorazmente de una castaña, hasta que su saciedad le obliga a salir a respirar y forma un túnel hacia el exterior del fruto. Me devoras por dentro mientras yo me deshago buscando el extremo de mi madeja.

No logro quitarme del todo el sabor del dolor, busco en mi lengua la fuente del mismo y encuentro escondidas las últimas palabras que callé. Desconozco si algún día seré capaz de expulsarlas hacia tus oídos y libre pueda gritarle al viento que sople todo lo fuerte que quiera, pues no me llevará más con él porque habré de cargar piedras en los bolsillos, igual que a mi espalda cargo el peso de la culpa que jamás tuve, pero soñé tener.

Me harto de entender y busco sentir; Los caminos se abren ante mi y elijo el más difícil, la calle más oscura me parece la más bella, me adentro y llego a un paraíso que se extiende desde mi propio cuerpo hasta un abismo que baja al mismísimo infierno. Lo qué más temo es llegar al final, pegar un salto y desde arriba al observar el camino que he andado darme cuenta que había un mar de lágrimas y un cielo de sonrisas, pero por no saber ponerle alas a mi barca nunca llegué a ver las sonrisas.

Regreso a casa, más despeinado que nunca, al entrar oigo el tic tac del reloj, entro a la cocina y miro como se mueve el minutero, constante imparable, mientras el segundero acelera su marcha y se acerca rápidamente a adelantarlo. Abro la nevera, cojo una lata de refresco y me voy al sofá a ver la tele, al cabo de una hora me doy cuenta que está apagada.

jueves, 2 de junio de 2011

La huella del último beso

Las despedidas son siempre tristes, y mucho más cuando son para siempre, porque alguien se va de este mundo de locos. Cuando se vela a un cadáver, los relojes parecen no funcionar, el tiempo queda detenido de manera extraña. El protagonista de la velada se mantiene dignamente cruzado de brazos en el centro de un gran corro cuyos ojos permanecen vidriosos, unos mirando al suelo, otros mirando al cuerpo sin vida, con una mezcla de tristeza y curiosidad, preguntándose cuánto queda de la persona que habitaba en su interior y cuanto se ha marchado a no se sabe muy bien donde.

El cadáver se encuentra vestido acorde a la ocasión, con sus mejores galas, preparado para el viaje que comienza; Con su partida también empieza el desfile de despedidas de las personas que mantenían algún tipo de vínculo, Todos hacen balance de los momentos compartidos, a la memoria acuden veloces los recuerdos más alegres que se creían olvidados, y que en ese momento no traen adjunta la alegría, sino la tristeza.

Una vez quise despedirme de alguien que partió en busca de las estrellas; Después de un cierto tiempo valorando si hacerlo o no, me decidí a entrar al lugar donde aguardaba ese cuerpo que tantas veces había abrazado. Vestía de blanco, dentro de una caja, como si fuera la figura de un ángel en una vitrina. Me senté a su lado, esperando quizá que abriera los ojos, pero no lo hizo, intenté buscar la vida, pero no la encontré. Aún así hablé con ese ángel, pero de mi garganta no salió ningún sonido, le desee buen viaje, aunque de mala gana, porque no quería que se marchara, mientras lo hacía no derrame ni una sola lágrima, era una despedida serena.

Pasados unos minutos me levante de la silla, y como siempre, me dirigí a darle un beso, mientras me acercaba, me vi desde fuera caminando a cámara lenta, los 3 pasos que me separaban del ataúd parecieron kilómetros, había miradas de diversos espectadores, preparándose para estallar en un llanto incontrolable al observar el irremediable último beso de dos almas que se quedaban en mundos diferentes, separados por una barrera extraña que nadie sabe muy bien donde se encuentra.

Al llegar a la caja de madera apoyé mis manos en ella; Miré su cara llena de paz, y una sonrisa se dibujó en su rostro. Bajé la cabeza lentamente, y cuando estuve a su altura cerré los ojos y mis labios comenzaron un suave movimiento formando un beso que impactó contra su frente. Sin embargo no fue como esperaba, creí encontrar el calor que siempre tuvo, pero aquella piel estaba fría como la escarcha, Ese frío se coló en mis labios y quedó para siempre dentro de mi cabeza.

Me erguí y salí del cuarto sin mirar atrás. Una vez fuera lloré silenciosamente, al poco rato las lágrimas se acabaron, aunque seguí llorando, pero por dentro, otras lágrimas diferentes, que dudo algún día puedan llegar a agotarse.